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Cartagena no necesita empezar de cero. Necesita evolucionar

Hay dos errores que suelen repetirse cada cuatro años en la política. El primero consiste en creer que todo lo que hizo el gobierno anterior estuvo mal y debe ser desmontado. El segundo, igual de perjudicial, es pensar que todo está resuelto y que basta con administrar la inercia. Ninguno de esos extremos conduce al progreso.

Cartagena-Colombia-Noticias625.co 28-07-2026. Por Jacqueline Perea. Las sociedades que avanzan no viven destruyendo lo construido ni conformándose con lo alcanzado. Evolucionan. Aprenden de su experiencia, consolidan sus fortalezas, corrigen sus errores y se preparan para enfrentar nuevos desafíos.

Cartagena no es la excepción.

Nuestra ciudad ha experimentado transformaciones importantes. Hay obras visibles, una renovada confianza en la capacidad institucional para ejecutar proyectos y una percepción distinta sobre la posibilidad de recuperar espacios que durante años permanecieron abandonados. Negar esos avances sería desconocer una realidad que los cartageneros observan todos los días.

Pero reconocer los avances no significa ignorar lo que aún nos duele

Todavía hay familias que sienten que las oportunidades no llegan a sus barrios. Jóvenes que buscan empleo y formación para construir su proyecto de vida. Comerciantes que enfrentan dificultades para crecer. Sectores que padecen deficiencias en los servicios públicos. Comunidades que esperan una presencia más cercana y permanente del Estado.

Por eso la discusión sobre el futuro de Cartagena no puede reducirse a una falsa disyuntiva entre continuidad o ruptura.

La verdadera pregunta que Cartagena debe hacerse es otra.

¿Cuál debe ser el siguiente paso de nuestra ciudad?

Mi respuesta es clara: Cartagena necesita evolucionar

Evolucionar significa construir sobre las bases que hoy existen para alcanzar mejores resultados mañana. Significa comprender que cada administración tiene la responsabilidad de entregar a la siguiente una ciudad mejor de la que recibió, y que el éxito de un gobierno no debería medirse por cuánto destruyó de su antecesor, sino por cuánto fue capaz de mejorar.

La evolución también exige una nueva forma de hacer política

Una política que escuche antes de hablar. Que dialogue antes de confrontar. Que entienda que gobernar no consiste en administrar las redes sociales, sino en resolver los problemas concretos de las personas.

Los ciudadanos esperan menos discursos y más soluciones: instituciones que funcionen, seguridad en sus barrios, servicios públicos de calidad, oportunidades para emprender, una movilidad más eficiente y espacios públicos para disfrutar en familia.

Recuperar la tranquilidad también hace parte de esa evolución. Significa entender que la seguridad no es únicamente una estadística, sino la posibilidad de vivir sin miedo.

Una ciudad donde las personas pueden trabajar, estudiar, emprender y disfrutar de sus espacios públicos con confianza es una ciudad que crea oportunidades y fortalece su tejido social.

No basta con inaugurar infraestructura si esa transformación no termina reflejándose en la vida cotidiana de los cartageneros. El verdadero desarrollo ocurre cuando las personas sienten que mejora su calidad de vida, encuentran mejores condiciones para salir adelante y perciben que el crecimiento de la ciudad también llega a sus hogares.

Por eso debemos dejar atrás la costumbre de dividirnos entre quienes creen que todo está bien y quienes sostienen que todo está mal. Cartagena necesita superar esa discusión estéril y concentrarse en una pregunta mucho más útil: ¿cómo hacemos para que cada avance se traduzca en una mejor calidad de vida para las personas?

Las ciudades inteligentes no viven atrapadas en esa discusión. Construyen consensos, reconocen los aciertos, corrigen los errores y proyectan el futuro.

Cartagena tiene hoy una oportunidad extraordinaria para hacerlo.

Somos una ciudad con un enorme potencial económico, turístico, logístico, cultural y humano. Pero ese potencial solo podrá desarrollarse plenamente si aprendemos a pensar más allá de la coyuntura política y empezamos a construir una visión compartida de largo plazo.

El verdadero reto no consiste únicamente en resolver los problemas del presente, sino en preparar la Cartagena que heredarán nuestros hijos y nuestros nietos.

Porque gobernar no debería ser administrar el día a día, sino construir el futuro.

Las obras transforman el paisaje de una ciudad. Lo que realmente la hace evolucionar es transformar la vida de quienes la habitan.

Por eso creo firmemente que Cartagena no necesita empezar de cero.

Necesita evolucionar.

Evolucionar con responsabilidad.

Evolucionar con resultados.

Evolucionar poniendo siempre a las personas en el centro de cada decisión pública.

Porque una ciudad no progresa únicamente cuando cambian sus calles; progresa de verdad cuando cambia para bien la vida de quienes la habitan.