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septiembre 21, 2026

¡SOS por los trancones en Manga! Piden intervención de la Procuraduría y la Personería ante la crisis vial de Cartagena

La siguiente es la columna de opinión “Movilidad en Cartagena: “Manga, el cuello de botella que nadie destapa”, escrita por el abogado y de la veeduría ciudadana VEERJURÍDICA, Kevin Oliver Keep Arrieta, quien asegura que dos años y medio después de su llegada al DATT, el director José Ricaurte sigue explicando el trancón en lugar de resolverlo. La entrada a Manga, es la prueba más visible de una gestión que confunde el diagnóstico con la solución.

Cartagena-Colombia-Noticias625.co 23-09-2026. Por Kevin Oliver Keep Arrieta · Abogado, presidente de VEERJURÍDICA. Basta una fotografía aérea para entender lo que el Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte (DATT) no ha querido entender. En días recientes, el portal Política Heroica publicó imágenes de una fila ininterrumpida de vehículos que se extendía desde el sector conocido como El Guanabanazo hasta la sede de la DIAN, en Manga. Dos columnas de carros, buses, motos y camiones detenidos, convergiendo hacia un mismo embudo. La publicación acumuló cientos de comentarios de ciudadanos que conocen esa escena de memoria, porque la padecen a diario.

Yo también la padezco. La segunda fotografía que acompaña esta columna la tomé desde mi propio vehículo, atrapado en la misma fila, junto a busetas, un bus escolar y un camión de carga que no tenían a dónde ir. No es una percepción ni una exageración de redes sociales: es la rutina de miles de cartageneros que entran o salen de uno de los barrios con mayor actividad institucional, comercial, educativa y de salud de la ciudad.

Trancón en el acceso a Manga, desde El Guanabanazo hasta la DIAN. Imagen: cortesía.

Las cifras no son de ahora

Cartagena no está ante una emergencia repentina, sino ante un deterioro documentado. Según el TomTom Traffic Index, un conductor en Cartagena perdió en 2025 unas 132 horas en hora pico por causa del tráfico, el equivalente a más de cinco días completos de vida detenidos detrás de un volante. En la edición anterior del mismo índice, correspondiente a 2024, Cartagena figuró como la segunda ciudad del país con peor tráfico, con un promedio de 31 minutos para recorrer apenas 10 kilómetros, solo por detrás de Barranquilla.

La percepción ciudadana confirma la tendencia. La Encuesta de Percepción Ciudadana de Cartagena Cómo Vamos registró que el porcentaje de habitantes que sienten que sus trayectos habituales tardan más pasó del 44 % en 2022 al 52 % en 2023, y en 2024 se mantuvo en un preocupante 48 %. A ello se suma que, en lo corrido de 2026, el propio DATT reportó 508 siniestros viales, un aumento del 22,7 % frente al año anterior, según publicó El Tiempo. Más congestión y más accidentes: los dos indicadores que definen el éxito o el fracaso de una autoridad de tránsito se mueven en la dirección equivocada.

Manga: una isla con pocas puertas

Manga es, geográficamente, una isla conectada al resto de la ciudad por un número reducido de accesos. Allí confluyen la DIAN, la Sociedad Portuaria, la Cámara de Comercio, colegios tradicionales, clínicas, oficinas y un creciente desarrollo residencial. Cuando todo ese flujo se concentra en pocas puertas de entrada y salida, cualquier interferencia —una obra, un vehículo mal parqueado, un colegio a la hora de salida, una tubería rota— se convierte en un colapso. Es de manual: un cuello de botella no se administra con recomendaciones, se administra con ingeniería, control y planeación.

Los antecedentes están a la vista. En febrero de 2022, una protesta de guías turísticos frente a la Sociedad Portuaria bastó para que, según El Universal, la fila llegara hasta antes del peaje de Bazurto. El pasado 17 de septiembre, la rotura de una tubería sobre la carrera 28, a la altura de la Cámara de Comercio, volvió a paralizar el sector; de acuerdo con Aguas de Cartagena, el daño lo causó un contratista de una empresa de comunicaciones. La respuesta del DATT fue la de siempre: pedir precaución y recomendar vías alternas. El problema es que Manga casi no tiene vías alternas. Recomendarlas es, en la práctica, admitir que no hay plan.

Fila de vehículos en el acceso a Manga. Un director que explica, pero no resuelve

José Ricaurte llegó a la dirección del DATT a comienzos de 2024 con un discurso prometedor: fortalecimiento digital, inteligencia artificial, reeducación vial. Han pasado más de dos años y medio, y es legítimo preguntar cuáles de esas promesas han cambiado la experiencia real de quien intenta entrar a Manga a las siete de la mañana o salir a mediodía.

En marzo de 2025, consultado por RCN Radio sobre los trancones de Manga, el director atribuyó el problema principalmente a los padres de familia y a los colegios, y calificó lo que ocurre como “producto de un poco de irresponsabilidad de los padres de familia”. Puede que haya algo de cierto en ello, pero precisamente por eso la pregunta es otra: si la autoridad de tránsito conoce con precisión la causa, la hora y el lugar del problema, ¿por qué no hay agentes permanentes, zonas de ascenso y descenso reguladas y planes de movilidad escolar exigibles a las instituciones? Señalar al ciudadano no exime a la autoridad; al contrario, la compromete.

En julio de 2026, en entrevista con El Universal, Ricaurte reconoció que “Cartagena viene de un gran rezago en la planificación del transporte y del tráfico”, y presentó un listado de intervenciones puntuales de ingeniería vial: la avenida Daniel Lemaitre, la Luis Carlos López, la Santander, la Media Luna, la calle 30, El Pozón, entre otras. En esa lista no aparece la entrada a Manga. El punto que hoy protagoniza las imágenes más elocuentes del colapso vial de la ciudad no figura entre las prioridades anunciadas por quien tiene la responsabilidad técnica de atenderlo.

La tecnología prometida también avanza a paso de trancón. En marzo de 2025 el director anunció una central semafórica inteligente que regularía el tráfico en tiempo real según la demanda. Dieciséis meses después, en la misma entrevista de julio de 2026, el proyecto todavía se describía en términos de intención: se quiere conectar el centro de monitoreo con las cámaras de seguridad del Distrito. Mientras tanto, la ciudad opera con 162 agentes de tránsito y 90 facilitadores viales, una cifra modesta para una capital que, según la propia Alcaldía, recibe cerca de 300.000 vehículos en temporada alta.

Tampoco se conoce, al menos no de forma pública y accesible, una evaluación de resultados del “laboratorio vial” que el DATT implementó en mayo de 2025 en el sector de Las Colonias de Manga, con cambios de sentido en las calles 25 y 26 y en las carreras 24, 25 y 26. Un laboratorio sin medición antes y después no es un laboratorio: es un ensayo a ciegas. Si funcionó, la ciudadanía merece saberlo; si no, merece saber qué se corrigió.

Lo que viene puede ser peor

El 22 de septiembre de 2026 la Alcaldía inició la reconstrucción de la Tercera Avenida de Manga: 975 metros lineales de pavimento nuevo, reposición de redes de acueducto y alcantarillado, y una inversión estimada de 6.700 millones de pesos. Es una obra necesaria y largamente reclamada; el propio alcalde Dumek Turbay reconoció que los huecos de esa vía llevaban años provocando trancones en otras calles del barrio. Pero la obra se ejecutará con cierres parciales y desvíos bajo un Plan de Manejo de Tráfico (PMT) a cargo del DATT. Traducido: el embudo se va a estrechar todavía más durante meses. Si con la vía abierta el acceso colapsa, el PMT de esta obra será la prueba de fuego de la capacidad técnica del director. La ciudadanía tiene derecho a conocerlo en detalle antes de padecerlo, no después.

La responsabilidad no es opinable: es legal

Como abogado, me interesa recordar que la movilidad no es un favor que la administración concede cuando puede. La Constitución Política consagra en su artículo 24 el derecho de todo colombiano a circular libremente por el territorio nacional, y en su artículo 209 exige que la función administrativa se desarrolle con fundamento, entre otros, en los principios de eficacia, economía y celeridad. El Código Nacional de Tránsito (Ley 769 de 2002), en su artículo 7, impone a las autoridades de tránsito el deber de velar por la seguridad de las personas y las cosas en la vía pública, y orienta sus acciones hacia la prevención y la asistencia técnica a los usuarios. El artículo 101 de la misma ley exige autorización previa de la autoridad competente y señalización para cualquier obra que altere la circulación, lo que convierte al DATT en responsable directo de coordinar y vigilar las intervenciones de contratistas en la vía, como la que rompió la tubería de la carrera 28.

A ello se suma la Ley 1083 de 2006, que obliga a los distritos y municipios con plan de ordenamiento territorial a formular y adoptar planes de movilidad, y la Ley 472 de 1998, que abre la puerta a las acciones populares cuando se vulneran derechos colectivos como el acceso a servicios públicos eficientes, la seguridad pública o la realización de obras con prevalencia de la calidad de vida de los habitantes. Los ciudadanos de Manga y de toda Cartagena no están obligados a resignarse: tienen el derecho de petición para exigir información y, si la omisión persiste, herramientas judiciales para exigir su corrección.

Lo que se puede hacer desde mañana

La crítica solo tiene valor si viene acompañada de propuestas. Estas no requieren intercambiadores ni grandes presupuestos, sino decisión:

  • Agentes fijos en los accesos a Manga en las franjas críticas de entrada escolar, mediodía y salida laboral, con facultad real para despejar giros, dobles filas y bloqueos de intersección.
  • Planes de movilidad escolar obligatorios para los colegios del barrio, con horarios escalonados, zonas de ascenso y descenso demarcadas y sanciones efectivas por incumplimiento.
  • Publicación del PMT de la Tercera Avenida con desvíos, cronograma, aforos vehiculares y compromisos medibles de tiempos de viaje, antes de profundizar los cierres.
  • Coordinación única de obras en vía entre el DATT, Infraestructura, Aguas de Cartagena y empresas de telecomunicaciones, para que ninguna intervención se ejecute sin control ni horario restringido.
  • Datos abiertos y rendición de cuentas sobre el laboratorio vial de Las Colonias, la central semafórica y los tiempos de recorrido en los principales accesos de la ciudad.
  • Alternativas de fondo como el transporte acuático por la bahía y los caños, que Cartagena Cómo Vamos ha recomendado reiteradamente, y el aprovechamiento de la condición insular de Manga en lugar de padecerla.

Conclusión

No desconozco que el problema de movilidad de Cartagena es estructural, que precede a esta administración y que el crecimiento del parque automotor, la carga portuaria y la llegada diaria de trabajadores de municipios vecinos lo agravan. Tampoco desconozco anuncios como la compra de 50 nuevos buses para Transcaribe o la renovación del transporte colectivo. Pero la función de un director de tránsito no es diagnosticar el rezago histórico en entrevistas: es reducirlo en la calle. Después de dos años y medio, la fotografía de Manga es la evaluación más honesta que se le puede hacer a la gestión de José Ricaurte.

Cartagena no necesita más explicaciones sobre por qué se tranca. Necesita que alguien, con nombre, cargo y responsabilidad legal, destape el cuello de botella. Y si el DATT no puede hacerlo, los ciudadanos tenemos el derecho —y las herramientas jurídicas— para exigirlo.

Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor.